El pasado día 21 de octubre comenzaron mis prácticas en el colegio Brains, en Madrid.
La definición del primer día en el colegio fue: un nudo de nervios. Sin duda, en este nudo encontré diferentes emociones; entusiasmo, nervios por lo nuevo pero también exaltación y una cierta sensación de «promesa», de que ese momento suponía el inicio de algo.
El colegio comprende desde la educación Infantil hasta Educación Secundaria y Bachillerato. Al llegar, me recibió la orientadora de primaria del colegio, y la que es mi tutora. En la primera hora, coordinamos los días de asistencia al centro y en base a ello, organizamos mi «planning semanal» de actividades/reuniones a realizar en las primeras semanas en conjunto con las demás orientadoras de infantil y primaria (departamento en el que permaneceré el resto de mis prácticas). El paso siguiente fue conocer un poco el centro: las clases, las instalaciones y algunos miembros del profesorado con el que también trabajaré.
El segundo día, asistí a dos reuniones semanales que las orientadoras realizan con los docentes de cada clase de infantil y primaria. Pude ver cómo se trabaja con los distintos casos; conocer un poco a los alumnos que requieren apoyo durante las clases; alumnos con distintos diagnósticos como TEA o TDAH, y otros casos de alumnos con dislexia o trastornos del aprendizaje.
Esta metodología de trabajo semanal, permite a docentes y orientadoras establecer y organizar las intervenciones (en caso de ser necesarias) de manera más eficiente. Todas estas sesiones siguen una estructura similar. La orientadora utiliza como referencia el listado de alumnos de cada clase y va revisando, uno por uno, la situación de cada niño y niña a partir de la información que aporta el docente. En este caso, dado que hay dos co-tutores en cada clase, ambos comparten sus observaciones sobre el comportamiento, el estado emocional, el rendimiento académico y las posibles dificultades que han detectado durante la semana en el aula. A partir de esta información, la orientadora identifica y registra aquellos casos que requieren un seguimiento más cercano, apoyo o intervención psicopedagógica, así como las situaciones es la que es necesario contactar con las familias de manera a conocer mejor las circunstancias del alumno o alumna, y de esa manera, coordinar posibles actuaciones.
Asimismo, he podido estar presente en una administración del test RIAS (Reynolds Intellectual Assessment Scales) a una alumna, y su posterior correción.
También tuve la oportunidad de asistir a una tutoría en un aula de 4.º de Educación Primaria, solicitada por la tutora del grupo a la orientadora de Primaria debido a la aparición recurrente de conflictos durante el tiempo de recreo.
La sesión de desarrolló en el propio aula, con la participación de la tutora, la orientadora y el conjunto del alumnado. En primer lugar, la tutora expuso las incidencias que se habían producido, identificando y anotando en la pizarra los principales problemas detectados. A continuación, la orientadora presentó la situación al grupo y dio la oportunidad a cada alumno y alumna de expresar su punto de vista, explicar cómo había vivido los hechos y compartir su percepción del conflicto. De este modo, se favoreció un espacio de diálogo en el que todos pudieran ser escuchados y se pudieran conocer las diferentes perspectivas de una misma situación.
El conflicto abordado se había prolongado en el tiempo y estaba relacionado con la aparición de problemas durante los partidos de fútbol en el patio, donde el alumnado dispone de tiempo de juego libre. Entre las dificultades detectadas destacaban determinadas actitudes discriminatorias hacia las niñas, el uso de insultos y los problemas de comportamiento y convivencia durante el juego.
Ante esta situación, la orientadora permitió inicialmente que el alumnado expusiera sus opiniones y explicara sus experiencias, sin intervenir de forma inmediata, con el objetivo de comprender mejor la dinámica del grupo y las causas del conflicto. Posteriormente, tomó un papel más activo para orientar la reflexión colectiva, favorecer la toma de conciencia sobre las conductas identificadas y promover formas más respetuosas de relacionarse. Esta intervención permitió abordar el conflicto desde una perspectiva educativa, fomentando la escucha, el respeto mutuo y la búsqueda de soluciones que favorecieran una convivencia más positiva e inclusiva.
A pesar de las pocas horas al día en las que puedo estar presente en el colegio, pude apreciar la cercanía de todo el equipo de profesionales del centro, entre tutores, profesores y orientadoras. Se ofrece a los alumnos y profesores un espacio de discusión y reflexión en los gabinetes del DOP al igual que en las clases o en el patio del colegio; lo cual, desde mi opinión, es un aspecto muy importante en el bienestar socioemocional de los miembros del colegio y sus alumnos.
He podido comprender en este corto tiempo, que la intervención psicopedagógica no es un proceso lineal ni simple, sino que, requiere de una extensa colaboración de todos los miembros involucrados en el proceso educativo.



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